Mi blogosfera...
No sé tu nombre
sólo sé la mirada
con que lo dices.
(M.Benedetti)
sólo sé la mirada
con que lo dices.
(M.Benedetti)
Al bajar del autobús a mediodía, en la esquina de la acera, allí estaba: entre tantos árboles secos, marrones, de hojas caídas, un árbol de brillantes y diminutas hojas de color rosa. Ha renunciado al otoño, a cambiar de traje, a desteñir sus hojas y ser como el resto de árboles. Lo cierto es que su presencia ha inundado la calle de luz, al margen de los renovados rayos de sol que asomaban entre las nubes tras una breve tormenta.
Los domingos son los días del silencio (Ssshh...),
Ayer cayó sobre la ciudad la primera lluvia "de verdad" del otoño. Eran las ocho de la tarde y ya podías encontrar a la luna brillando en lo más alto, entre un manto de gotitas de agua fría y paraguas de colores. Y, esta mañana, de camino a la universidad en el autobús, ahí estaba otra vez: cielo despejado, aún nocturno, y un par de nubes rasgadas decorando una brillante luna llena. Llego a la facultad y me preguntan:
No me preguntes por qué te quiero, simplemente déjate querer. Lo único que debes saber es que eres mucho más que un capricho de primavera, eres más que la oscuridad de la habitación, que la humedad caliente de las sábanas recién amadas, más que un beso y un abrazo, más que un guiño salpicado de miradas indirectas, más que un acompañante, más que una mano tendida, más que un amor... una vida... Y, ¿por qué? No necesitas saber más...
Te presto mis sábanas para llorar, para secar bien tus lágrimas, y un osito de peluche que te acompañe en la cama.
La mujer salió de la costilla del hombre,
Mi tarde entre las nubes se está haciendo larga. Mi cajita de las ideas está cerrada, solo llena de un pensamiento que no llega, y mis ráfagas de apuntes amainan con el viento del este. Mis ganas ya se han ido de puente y mi pequeña grabadora de tapas de cuero, sobre la que soplaste un beso para templar sus páginas, sigue en blanco. Acabaré temprano entre las sábanas con la cabeza en sus hojas recicladas y señalando con aquel marcapáginas el lunes de la vuelta a casa.
Situada bajo el marco de la puerta, te miro, sentado frente al ordenador, fumando un cigarrillo y con la mirada perdida en la pantalla. Me mantengo firme, con aquella camiseta de colores de corte asimétrico y los tacones negros, sin nada más, para provocar tu mirada... Y, en un desmayo, ahora fingido, te imagino desvistiéndome con tus manos, susurrando aliento de deseo a mis oídos, tatuando tus labios por mi piel, humedeciendo mis esquinas... y yo estoy soñándote tan cerca...
Y vuelvo a atravesar esa puerta... El mostrador de siempre, el calor de la cafetería, los barullos de gente nueva perdida por los pasillos y la marea que se agolpa ante el tablón de los horarios, las aulas de siempre, profesores nuevos y no tan nuevos... y volver a ver a los amigos, algunos de los cuales no ves desde el último examen. Qué cosas tiene la vuelta a clase, algunas cambian y otras no. Vuelvo a "vivir" en el autobús, a levantarme a las 6 de la mañana para no tener clase hasta las 9.30 (y este año, sin alguien que me acompañe a tan tempranas horas en cafetería)... Vuelvo a la rutina.
Ya ha empezado. Se ha iniciado la larga espera, una espera que pasará más despacio porque sabe que estoy esperando...
El olvido es un regalo del cielo, decía Cervantes. ¿Y qué es olvidar? Porque si aquel recuerdo que olvidaste reaparece o pasea por tu vida con frecuencia, reavivas el recuerdo y de nada sirvió el esfuerzo de olvidar. Pero si aparece una imagen nueva, ese recuerdo imposible de olvidar, esa imagen que reaparece intermitente, puede ser sustituida, y puedes rehacer tu memoria. Aún así, hay recuerdos vivientes que se clavan dentro, que te revolotean en la cabeza de vez en cuando, regalándote impulsos irracionales de arrepentimiento inmediato. Y a ti te duele, y haces daño, pero no puedes evitarlo porque es lo que sientes, lo que te martillea por dentro, y cuando te des cuenta podrás bailar con la vergüenza, vergüenza de haber regalado palabras pasadas de tiempo con forma de sentida despedida, vergüenza de dar lástima; pero se supera, porque eso es el olvido, porque hablan de él los que lo han vivido, porque también lo he vivido. Jugar a daga atravesada de agua y sal hace daño al atravesado y al arma, y el doble filo salpica. No llores, respira hondo, contente, camina hacia adelante y olvida lo que debas sin que suene a despedida, porque vamos a sufrir lo mismo pero a distancias distintas.
Ya he soñado que te vas,
Recuerda L'espresso Virginia, el café que nos recogió de nuevo en un rincón de su aroma para volver a sonreír... a pesar de que estábamos mal... y no hace mucho que fue. ¿Volvemos a compartir un café? Pero, esta vez, prométeme desde el principio las caricias, las sonrisas... ¡y el café!